Cuando el gobierno sube a mazazos y baja con migajas
El presidente Gustavo Petro anunció que, a partir del primero de febrero, el precio de la gasolina tendrá una reducción de 300 pesos. El anuncio se vendió como alivio, como gesto, como señal de “sensibilidad” con el bolsillo ciudadano.
Pero hay algo que no se puede olvidar —ni permitir que se borre del debate—:
desde octubre de 2022, este mismo gobierno aumentó el precio de la gasolina en un 74,9%, lo que representa más de $6.700 adicionales para los consumidores.
La pregunta es inevitable:
¿de verdad pretenden hacer campaña con 300 pesos después de una subida histórica?
La memoria no es opcional: los hechos están ahí
El relato oficial intenta aislar el anuncio del contexto. Pero el contexto importa. Mucho.
- Subidas acumuladas desde 2022: +74,9%
- Impacto directo en transporte, alimentos y servicios
- Golpe sostenido a la clase media y a los trabajadores
- Aumento del costo de vida vía combustibles
Frente a eso, una reducción de 300 pesos no es un alivio estructural. Es una corrección mínima que no compensa ni de lejos el daño causado.
No es un favor del gobierno: es el mercado internacional
La reducción anunciada no responde a una política pública virtuosa. Ocurre en un momento de caída de los precios internacionales de los combustibles, un factor externo que obliga a ajustes internos.
Presentar ese ajuste como un logro propio es una manipulación del contexto. No hay reforma, no hay cambio estructural, no hay alivio real. Hay oportunismo político.
Cuando el precio internacional cae, cualquier gobierno responsable ajusta. Hacerlo no convierte al Ejecutivo en salvador; no hacerlo sería negligente.
El problema de fondo: vender relato sin realidad
Aquí se revela un problema recurrente de la izquierda en el poder:
desconecta el discurso de la realidad.
Se sube el precio como nunca antes.
Se mantiene el golpe durante meses.
Y luego se intenta vender una reducción marginal como “cambio”.
Eso no es transformación.
Es marketing político.
Y es ofensivo para quienes:
- pagan gasolina a diario,
- transportan mercancías,
- viven del rebusque,
- sostienen pymes,
- o dependen del transporte para trabajar.
Cuando la desesperación manda, el relato se acelera
Este anuncio no ocurre en el vacío. Ocurre en un contexto político claro: el gobierno necesita votos. Y cuando el calendario electoral aprieta, todo se vuelve campaña.
No importa la coherencia.
No importa la consistencia.
No importa lo que haya que decir.
Lo que importa es crear la ilusión de alivio, aunque los números digan lo contrario.
300 pesos no compran confianza
El bolsillo de los colombianos no se engaña con titulares.
La gente recuerda cuánto pagaba antes y cuánto paga hoy.
Un aumento del 75% no se borra con una reducción simbólica.
Una política dañina no se limpia con un anuncio oportunista.
La pregunta queda sobre la mesa:
¿Usted le cree a un mandatario que sube la gasolina a niveles históricos y luego pretende vender 300 pesos como “el cambio”?
Los leo en los comentarios.
